Pedagogía fue una de las primeras carreras universitarias que acogió a alumnos de escasos recursos.
Cuando Patricia Abarca egresó de cuarto medio tenía claro que debía seguir una carrera universitaria. Era el único camino para salir adelante, aunque el desafío no era menor. Su madre era la única sostenedora del hogar y ni siquiera había terminado el colegio. Pero los ingresos esporádicos que obtenía alcanzaron para que Patricia fuera la primera de su familia en convertirse en universitaria. "Mi madre siempre dijo que la educación era lo único que nos podía dejar, porque ni siquiera teníamos una casa", recuerda esta profesora de inglés (36), del colegio Santa Cruz, un establecimiento particular de Chicureo.
Según el análisis de los datos recogidos en la Encuesta Longitudinal Docente, desarrollada por el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, la profesión docente es la carrera que más ha contribuido a la movilidad social en el país: tal como en el caso de Patricia, el 41% de los maestros proviene de familias cuyo padre tenía sólo enseñanza básica (versus el 31% del resto de los profesionales) y el 70% declara contar hoy con una situación económica mejor que la de su familia de origen, aun cuando sus sueldos no sean los más altos entre los profesionales.
Hoy, Patricia y su marido, un ingeniero comercial, reúnen un sueldo promedio de $ 3 millones al mes - de los cuales ella aporta unos $ 650 mil- y viven en un condominio en Maipú. Sus hijos, un niño de 14 y una niña de 8 años, estudian en colegios particulares y sienten como un paso natural el entrar a la universidad. "Puedo decir que su situación es ciento por ciento distinta a la de mi infancia. Y para mí es una meta cumplida: siempre supe que el sufrimiento y el sacrificio de mi madre y mis hermanos no lo quería para mí ni para mis hijos", dice.
LAS CIFRAS DE LA MOVILIDADEn 2006, casi la mitad de los alumnos (48%) que ingresaron a los 25 planteles del Consejo de Rectores provenía de familias cuyos ingresos no superaban los $ 270 mil. Una cifra que se eleva al 67% entre los matriculados en Pedagogía ese mismo año. Es evidente que esta carrera sigue siendo la que mayor movilidad social aporta al sistema. Son muy pocos los que pertenecen a hogares con ingresos superiores a los $ 800 mil: sólo un 5%; en cambio, entre el resto de los alumnos, la cifra alcanza al 18%.
Las estadísticas fueron proporcionadas por David Bravo, investigador de la Universidad de Chile, y también ratifican la tendencia observada entre los docentes en ejercicio respecto del nivel educacional de sus padres: el 37% de los que ingresaron a Pedagogía tenía padres que no terminaron el colegio y sólo en el 18% de los casos, los progenitores tenían estudios universitarios. En el resto de los alumnos que se matriculó ese año, esta cifra llega al 33%.
UN FUTURO PROMETEDORUna historia de cambio social que también vivió Gloria Salas, profesora del colegio Almendral, de 42 años. Estudió en el liceo María Auxiliadora y de sus compañeras, sólo ella y su mejor amiga quedaron en la universidad. Entró a Pedagogía el año 1984. De sus siete hermanos, sólo ella -la menor- y su hermana más cercana en edad pudieron seguir estudios superiores. Su padre era jubilado y recibía una pensión de $ 70 mil mensuales. Con eso más los aportes de los hermanos mayores, la familia se mantenía. Gloria pudo estudiar gracias al crédito fiscal y becas. Los materiales y la locomoción los costeaba vendiendo chicles y cigarrillos a sus compañeros.
Hoy vive en una propiedad de mil metros cuadrados en Las Vizcachas, Puente Alto. Tiene 8 hijos junto a Juan Méndez, su esposo y también profesor, del colegio Nocedal. Ambos reúnen un millón de pesos al mes. Su hijo mayor, de 17 años, ya decidió lo que estudiará terminando la secundaria: ingeniería. "Tiene claro que esa carrera le puede llevar a tener una vida mejor", dice Gloria. Y tiene razón: los estudios demuestran que el sueldo promedio de un trabajador aumenta en 22% por cada año de estudios superiores.
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